Sexto día de la Novena

La devoción a María no nos distrae de las tareas y obligaciones de cada día... al contrario, nos hace estar más comprometidos en construir un mundo más justo y fraterno. Por eso, en este día de la Novena, encomendamos a María nuestro ambiente de trabajo.


Oración Inicial: (para todos los días)
¡Oh María, Virgen Poderosa!
Tú, la grande e ilustre defensora de la Iglesia;
Tú, Auxiliadora del pueblo cristiano;
Tú, terrible como un ejército en orden de batalla;
Tú, que sola destruyes los errores del mundo,
defiéndenos en nuestras angustias,
auxílianos en nuestras luchas,
socórrenos en nuestras necesidades,
y en la hora de la muerte
recíbenos en el eterno gozo. Amén.

Día sexto: Por los trabajadores 
Con alegría contemplamos cómo nuestra Madre, al recibir la propuesta de Dios y aceptar ser la Madre del Mesías, inmediatamente se pone en camino para ayudar a su prima Isabel, asumiendo entonces la misión de llevar a Jesús a quien lo necesita con gestos claros de servicio.
Nosotros recibimos el regalo y encargo de Jesús: “Ahí tienes a tu Madre”, y a la vez recibimos también la alegría de ser servidores junto a Ella.
Te rogamos Madre, que nos fortalezcas y sostengas en la misión que recibimos, para que la vivamos con alegría, sabiendo que lo hacemos contigo.
María Auxiliadora, en nuestros ámbitos de trabajo, enséñanos a amar. 

(Pedimos la gracia que deseamos alcanzar.
Rezamos tres Avemarías.)

Conclusión
Mira a tu pueblo, Bella Señora,
que con fe grande tu auxilio implora.
Con él cantando yo vengo a ti.
¡Oh Santa Virgen ruega por mí!

Tu tierno pecho, Madre, he buscado,
pues es refugio del que ha pecado,
y un mar de gracias encierra en sí.
¡Oh Santa Virgen ruega por mí!

En este valle de triste llanto
todos se acogen, Madre, a tu manto;
y yo en mi pena te digo así:
¡Oh Santa Virgen ruega por mí!

Del vasto océano propicia estrella
tu faz ostentas, radiante y bella;
al puerto guíame, confiando en ti.
¡Oh Santa Virgen ruega por mí!

Muéstrate tierna al alma mía,
Madre adorada, dulce María.
Madre más tierna yo nunca vi.
¡Oh Santa Virgen ruega por mí!

En el extremo rudo combate,
dame, te ruego, fuerza constante,
llévame al cielo cerca de ti:
¡Oh Santa Virgen ruega por mí!


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