Séptimo día de la Novena

La Familia Salesiana es una familia que educa, que encuentra en el servicio a la juventud su mejor camino para acercarse a Dios. 
El contacto con tantos chicos y jóvenes que viven en santidad también es estímulo que ayuda a los adultos a mejorar. Hoy rezamos, con el corazón agradecido, por los educadores de nuestras obras.



Oración Inicial: (para todos los días)
¡Oh María, Virgen Poderosa!
Tú, la grande e ilustre defensora de la Iglesia;
Tú, Auxiliadora del pueblo cristiano;
Tú, terrible como un ejército en orden de batalla;
Tú, que sola destruyes los errores del mundo,
defiéndenos en nuestras angustias,
auxílianos en nuestras luchas,
socórrenos en nuestras necesidades,
y en la hora de la muerte
recíbenos en el eterno gozo. Amén.

Día séptimo: Por los educadores
María, a quien le fue confiada la tarea de cuidar y educar al Mesías fue maestra
en el amor para su Hijo. El mismo San Juan Bosco nos relata algo parecido, porque en el sueño de sus 9 años el Señor le indica con seguridad: “Yo te daré la Maestra”, haciendo referencia a su
Madre. En verdad María es nuestra Educadora y guía conduciéndonos a Jesús.
Concédenos Madre, la gracia de ser para todos los jóvenes reflejo del amor de Jesús, y que todas nuestras acciones sean gestos de cariño que eduquen en el perdón, el arrepentimiento y la gratitud. Que seamos signos del amor de Dios, y educadores del diálogo y la paz.
María Auxiliadora, a nuestros hijos y alumnos, enséñanos a amar. 

(Pedimos la gracia que deseamos alcanzar.
Rezamos tres Avemarías.)

Conclusión
Mira a tu pueblo, Bella Señora,
que con fe grande tu auxilio implora.
Con él cantando yo vengo a ti.
¡Oh Santa Virgen ruega por mí!

Tu tierno pecho, Madre, he buscado,
pues es refugio del que ha pecado,
y un mar de gracias encierra en sí.
¡Oh Santa Virgen ruega por mí!

En este valle de triste llanto
todos se acogen, Madre, a tu manto;
y yo en mi pena te digo así:
¡Oh Santa Virgen ruega por mí!

Del vasto océano propicia estrella
tu faz ostentas, radiante y bella;
al puerto guíame, confiando en ti.
¡Oh Santa Virgen ruega por mí!

Muéstrate tierna al alma mía,
Madre adorada, dulce María.
Madre más tierna yo nunca vi.
¡Oh Santa Virgen ruega por mí!

En el extremo rudo combate,
dame, te ruego, fuerza constante,
llévame al cielo cerca de ti:
¡Oh Santa Virgen ruega por mí!


*

Entradas populares de este blog

Vivir la Cuaresma con misericordia

Miguel Magone, el pandillero de Dios

Don Bosco y el trabajo