Quinto día de la Novena

¡Comenzamos una nueva semana de trabajo! Y lo hacemos con la hermosa de perspectiva de saber que el sábado 21, desde las 15.30, nos reuniremos para manifestar públicamente nuestro amor a la Madre Auxiliadora en la tradicional Procesión. Continuemos honrándola con el rezo de la Novena... y con nuestras buenas acciones de cada día.



Oración Inicial: (para todos los días)
¡Oh María, Virgen Poderosa!
Tú, la grande e ilustre defensora de la Iglesia;
Tú, Auxiliadora del pueblo cristiano;
Tú, terrible como un ejército en orden de batalla;
Tú, que sola destruyes los errores del mundo,
defiéndenos en nuestras angustias,
auxílianos en nuestras luchas,
socórrenos en nuestras necesidades,
y en la hora de la muerte
recíbenos en el eterno gozo. Amén.

Día quinto: Por los ancianos 
Hoy queremos contemplar a nuestra Madre Auxiliadora que, con su ternura, siendo Madre de los jóvenes, nunca olvida a sus hijos que ya han crecido. Ella los sigue custodiando y protegiendo a lo largo de toda su vida.
Te pedimos, Madre, que nos ayude a custodiar y proteger a nuestros mayores, a aquellos que nos regalaron esta hermosa devoción. Madre querida, ayúdanos a amar a nuestros mayores como los amas tú, enséñanos a acompañarlos haciéndoles sentir nuestro amor, como si fuera un regalo de tu propio corazón.
María Auxiliadora, junto a nuestros hermanos mayores, enséñanos a amar. 

(Pedimos la gracia que deseamos alcanzar.
Rezamos tres Avemarías.)

Conclusión
Mira a tu pueblo, Bella Señora,
que con fe grande tu auxilio implora.
Con él cantando yo vengo a ti.
¡Oh Santa Virgen ruega por mí!

Tu tierno pecho, Madre, he buscado,
pues es refugio del que ha pecado,
y un mar de gracias encierra en sí.
¡Oh Santa Virgen ruega por mí!

En este valle de triste llanto
todos se acogen, Madre, a tu manto;
y yo en mi pena te digo así:
¡Oh Santa Virgen ruega por mí!

Del vasto océano propicia estrella
tu faz ostentas, radiante y bella;
al puerto guíame, confiando en ti.
¡Oh Santa Virgen ruega por mí!

Muéstrate tierna al alma mía,
Madre adorada, dulce María.
Madre más tierna yo nunca vi.
¡Oh Santa Virgen ruega por mí!

En el extremo rudo combate,
dame, te ruego, fuerza constante,
llévame al cielo cerca de ti:
¡Oh Santa Virgen ruega por mí!


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