Primer día de la Novena

¡Hoy comenzamos la Novena a María Auxiliadora! Y seguimos preparando el corazón para la gran Procesión del sábado 21 y para la Solemnidad de nuestra Madre, el martes 24.
Aquí te dejamos una manera sencilla de rezar la Novena:



Oración Inicial: (para todos los días)
¡Oh María, Virgen Poderosa!
Tú, la grande e ilustre defensora de la Iglesia;
Tú, Auxiliadora del pueblo cristiano;
Tú, terrible como un ejército en orden de batalla;
Tú, que sola destruyes los errores del mundo,
Defiéndenos en nuestras angustias,
Auxílianos en nuestras luchas,
Socórrenos en nuestras necesidades,
Y en la hora de la muerte
Recíbenos en el eterno gozo. Amén.


Día Primero: Por  los enfermos
Nuestra Madre tiene debilidad por aquellos que están más necesitados. Es por ello que vela de manera especial por sus hijos que sufren alguna enfermedad. Ella alienta, acompaña y protege a los enfermos, especialmente cuando ellos se encuentran solos o en situación de gravedad. Ella misma se pone al servicio, y son incontables los testimonios de quienes han recibido gracias por intercesión de nuestra dulcísima Madre.
Madre Querida, que podamos ser todos servidores de nuestros hermanos. Que no seamos indiferentes a sus necesidades, sino que podamos siempre estar cerca de quienes necesitan una palabra de aliento, una sonrisa o una compañía.
María Auxiliadora, en nuestras debilidades, enséñanos a amar.

(Pedimos la gracia que deseamos alcanzar.
Rezamos tres Avemarías.)

Conclusión
Mira a tu pueblo, Bella Señora,
que con fe grande tu auxilio implora.
Con él cantando yo vengo a ti.
¡Oh Santa Virgen ruega por mí!

Tu tierno pecho, Madre, he buscado,
pues es refugio del que ha pecado,
y un mar de gracias encierra en sí.
¡Oh Santa Virgen ruega por mí!

En este valle de triste llanto
todos se acogen, Madre, a tu manto;
y yo en mi pena te digo así:
¡Oh Santa Virgen ruega por mí!

Del vasto océano propicia estrella
tu faz ostentas, radiante y bella;
al puerto guíame, confiando en ti.
¡Oh Santa Virgen ruega por mí!

Muéstrate tierna al alma mía,
Madre adorada, dulce María.
Madre más tierna yo nunca vi.
¡Oh Santa Virgen ruega por mí!

En el extremo rudo combate,
dame, te ruego, fuerza constante,
llévame al cielo cerca de ti:
¡Oh Santa Virgen ruega por mí!


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