Cuarto día de la Novena... y Fiesta de Pentecostés

El cuarto día de la Novena llega junto a la gran Fiesta de Pentecostés... Que María, que supo ser Madre de la Iglesia naciente, nos haga sentir también su presencia en nuestra vida cotidiana, haciendo nuestro corazón disponible y perseverante para la acción del Espíritu.



Oración Inicial: (para todos los días)
¡Oh María, Virgen Poderosa!
Tú, la grande e ilustre defensora de la Iglesia;
Tú, Auxiliadora del pueblo cristiano;
Tú, terrible como un ejército en orden de batalla;
Tú, que sola destruyes los errores del mundo,
defiéndenos en nuestras angustias,
auxílianos en nuestras luchas,
socórrenos en nuestras necesidades,
y en la hora de la muerte
recíbenos en el eterno gozo. Amén.

Día cuarto: Por los jóvenes 
Nuestra Madre ha demostrado en la historia un especial amor por sus hijos más pequeños y por los jóvenes, acompañando y ayudando a muchos servidores que dedicaron su vida por ellos, especialmente por los más necesitados.
Madre santísima, enséñanos a amar a los jóvenes con un corazón semejante al de Jesús, un corazón como el de Don Bosco, que lo llevó a ser signo y portador del Amor de Dios a los jóvenes más pobres y necesitados. Que junto a Ti seamos compañeros de camino para nuestros jóvenes.
María Auxiliadora, en medio de los jóvenes, enséñanos a amar. 

(Pedimos la gracia que deseamos alcanzar.
Rezamos tres Avemarías.)

Conclusión
Mira a tu pueblo, Bella Señora,
que con fe grande tu auxilio implora.
Con él cantando yo vengo a ti.
¡Oh Santa Virgen ruega por mí!

Tu tierno pecho, Madre, he buscado,
pues es refugio del que ha pecado,
y un mar de gracias encierra en sí.
¡Oh Santa Virgen ruega por mí!

En este valle de triste llanto
todos se acogen, Madre, a tu manto;
y yo en mi pena te digo así:
¡Oh Santa Virgen ruega por mí!

Del vasto océano propicia estrella
tu faz ostentas, radiante y bella;
al puerto guíame, confiando en ti.
¡Oh Santa Virgen ruega por mí!

Muéstrate tierna al alma mía,
Madre adorada, dulce María.
Madre más tierna yo nunca vi.
¡Oh Santa Virgen ruega por mí!

En el extremo rudo combate,
dame, te ruego, fuerza constante,
llévame al cielo cerca de ti:
¡Oh Santa Virgen ruega por mí!


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