Conclusión de la Novena

María es la Madre de la verdad, y por eso, es también la Madre que nos enseña a ser libres. Hoy rogamos que Ella mueva nuestros corazones para crecer en el perdón, la comprensión y la justicia, y así seamos más capaces de llevar un testimonio auténtico de amor a quienes más lo necesitan.



Oración Inicial: (para todos los días)
¡Oh María, Virgen Poderosa!
Tú, la grande e ilustre defensora de la Iglesia;
Tú, Auxiliadora del pueblo cristiano;
Tú, terrible como un ejército en orden de batalla;
Tú, que sola destruyes los errores del mundo,
defiéndenos en nuestras angustias,
auxílianos en nuestras luchas,
socórrenos en nuestras necesidades,
y en la hora de la muerte
recíbenos en el eterno gozo. Amén.

Día noveno: Por los que están en situación de encierro 
Nuestra Madre siempre ha respetado la libertad de sus hijos, y nunca ha dejado de velar por ellos, aún cuando decidieran seguir caminos que los alejaran de Dios y de sus hermanos. Ella insiste permanentemente para que la Bondad Infinita les conceda nuevas oportunidades para volver a una vida honesta y de servicio, a una vida de felicidad. Ella inspiró a San José Cafasso y al mismo Don Bosco para que se acercaran con amor a estos hermanos.
Concédenos, Madre, que seamos signos de amor para aquellos que están privados de libertad. Que podamos ser para ellos luz de esperanza y certeza del amor de Dios. Que podamos ser para ellos motivo de alegría y constructores de reconciliación.
María Auxiliadora, en nuestros límites, miedos, angustias y errores, en todo lo que nos encierra en nosotros mismos, enséñanos a amar. 

(Pedimos la gracia que deseamos alcanzar.
Rezamos tres Avemarías.)

Conclusión
Mira a tu pueblo, Bella Señora,
que con fe grande tu auxilio implora.
Con él cantando yo vengo a ti.
¡Oh Santa Virgen ruega por mí!

Tu tierno pecho, Madre, he buscado,
pues es refugio del que ha pecado,
y un mar de gracias encierra en sí.
¡Oh Santa Virgen ruega por mí!

En este valle de triste llanto
todos se acogen, Madre, a tu manto;
y yo en mi pena te digo así:
¡Oh Santa Virgen ruega por mí!

Del vasto océano propicia estrella
tu faz ostentas, radiante y bella;
al puerto guíame, confiando en ti.
¡Oh Santa Virgen ruega por mí!

Muéstrate tierna al alma mía,
Madre adorada, dulce María.
Madre más tierna yo nunca vi.
¡Oh Santa Virgen ruega por mí!

En el extremo rudo combate,
dame, te ruego, fuerza constante,
llévame al cielo cerca de ti:
¡Oh Santa Virgen ruega por mí!


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