¡Jesús Resucitó!


Jesús, el Resucitado, a veces nuestro corazón te invoca: "No soy digno de que entres en mi casa, pero di solamente una palabra y quedaré curado." 
En el vacío de nuestra vida, tu Evangelio es luz en nosotros y tu Eucaristía es presencia real y consoladora en nosotros.


Jesús, nuestra alegría, a tu lado encontramos el perdón, el frescor de las fuentes.
Sedientos de las realidades de Dios, reconocemos tu presencia de Resucitado.
Igual que los árboles de nuestras calles comienzan a florecer con la luz de la primavera, tú haces florecer hasta los desiertos del alma.
¡Gracias, Señor!

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