Día de Artémides Zatti

Hoy recordamos a Don Artémides Zatti, el enfermero santo de la Patagonia, patrono de nuestra Inspectoría.
Llegado desde Italia a los 15 años, se entregó por completo al Jesús presente en los pobres y los enfermos. Néstor Alfredo Noriega, con su libro Semblanza de Artémides Zatti (Didascalia, Rosario, 2001) nos permite hacernos una idea de su manera de trabajar:


Zatti se levantaba a las 4.30 o 5. Lo primero que hacía era encender el fuego. Luego, hacía la meditación en comunidad y participaba de la misa. Al terminar,  se dirigía a las salas de los enfermos. Se presentaba sonriente y decía:
- ¡Buenos días! ¡Vivan Jesús, José y María! ¿Respiran todos?
Los viejos se removían en el lecho y contestaban a coro: -Todos, Don Zatti…
- Deo gratias – decía él alegremente y comenzaba a recorrer cama por cama para ver lo que cada uno necesitaba. Y también para ver si alguno “no respiraba”.



Era difícil encontrar en Viedma alguien más conocido y querido que Artémides Zatti, a pesar de que su nombre y apellido eran imposibles de pronunciar para algunos, que le dicen Artemiro, Artensio, Artemiso… y hasta ¡Arquímides! Y para el apellido se complica más aún: escriben Sita, Sapti, Sacti y, los más avispados, Zatting; sin faltar los Zatez o Sates y hasta Donzatti….
Mientras atiende y cura a los enfermos, canta, cuenta chistes o inventa cosas para distraerlos y levantarles el espíritu.


Un día llevan al Hospital a una joven gravemente enferma. Zatti la recibe con una gran sonrisa. “Al principio pensé que se estaba burlando de mí - cuenta ella misma; - pero luego me di cuenta de que era una alegría sincera por poder hacer el bien”. Esta joven recuperó su salud y permaneció en el Hospital como enfermera.
Uno de los médicos que trabajó muchos años con Zatti declaró: “Don Zatti no era solamente un habilísimo enfermero, sino que él mismo era una medicina. Curaba con su presencia, con su voz, con sus ocurrencias…”


Don Zatti junto a su madre.

Brindó siempre un trato particular a los enfermos que tenían enfermedades vergonzosas. Los llevaba aparte, para que nadie se enterara de qué sufrían. Los que tenían llagas purulentas y repugnantes eran sus preferidos, y no permitía que otros los curaran.
A veces hay enfermos que necesitan medicamentos muy caros. Por más pobres que fueran, Zatti se los consigue, aunque las deudas lo abrumen. Entre los enfermos hay muchos que no saben escribir. Entonces Zatti se pasa horas y horas escribiendo cartas y más cartas a las familias, con augurios, noticias y pedidos…


1943. Don Zatti junto al Hno. Bielawsky en el aeródromo de Patagones, observando a los modernos aviones Junkers de la Compañía Aeropostal Argentina. Desde 1937, cada avión de la compañía llevaba en la cabina una imagen de Don Bosco.
Cuando visita las casas de enfermos muy pobres, a menudo deja, junto con las medicinas, algunos pesos.
Más de una vez sucede que llevan un enfermo y el Hospital ya está colmado. Zatti lo lleva a su habitación y lo acomoda en su cama. Por la noche duerme sobre una manta en el suelo.

Vista del cortejo fúnebre que acompañó los restos de Don Zatti, el 16 de marzo de 1951.
Una noche coloca en su cama a un enfermo que ronca de lo lindo. A la mañana siguiente, Zatti, que no ha podido pegar un ojo, emprende bien temprano su larga jornada, contento, como si nada hubiese ocurrido.


Pero a pesar de tantos años junto a los enfermos, este buen samaritano no puede acostumbrarse al sufrimiento: sufre el dolor ajeno en carne propia.
El Doctor Antonio Sussini, quien fue su médico de cabecera, declara: 
“Delante de los enfermos, aún de los más graves, bromeaba y hasta reía. Pero era solo para infundir ánimos. Luego, cuando estaba solo, a escondidas, lloraba.” 


Oración a Don Zatti
Señor Jesús:
Tú llamaste a Don Zatti, salesiano coadjutor, para servirte en los pobres y necesitados. Tú le diste la fuerza para entregarse con alegría y sin descanso a sus hermanos enfermos. Tú lo hiciste un hombre bueno, que supo vivir fielmente tu Evangelio en el trabajo cotidiano y en el sacrificio escondido. Te pedimos la alegría de verlo brillar un día en el cielo de tus santos y de dar también nosotros testimonio de tu luz. Amén.


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