El Papa Francisco y los Salesianos


Jorge Bergoglio, Francisco, caminando junto a Don Bosco
En el recorrido de su vida, Don Bosco estuvo muy presente en la vida de Jorge Bergoglio, hoy Papa Francisco.
“Francisco, el mismo cardenal Bergoglio que cuando era Arzobispo de Buenos Aires y llamabas a la Curia para pedir una audiencia, del conmutador te comunicaban directamente, y él mismo te atendía y no te decía cuándo podía atenderte, sino que te preguntaba: - ¿cuándo podés venir? -. (...) El mismo que vivía muy austeramente en la misma Curia, sin automóvil, sin protocolos y con mucha sencillez.
El mismo al que, haciéndole conocer a un Superior que nos visitaba el centro histórico de la ciudad de  Buenos  Aires,  encontramos  caminando por la calle, vestido sencillamente con un traje oscuro y su camisa, nos saludamos y nos cuenta: - vengo de suplir a un párroco que está enfermo -. (...) El mismo que con inmensa alegría celebró la Beatificación de Ceferino Namuncurá, presidiendo la Procesión, Misa y demás festejos.” Fabián García, sdb (Superior de la entonces Inpectoría “San Francisco de Sales” entre 2005 y 2010).


Primeros pasos
Nacido en el barrio de Flores, fue bautizado en la Basílica de María Auxiliadora y San Carlos, en el barrio de Almagro.

De niño, frecuentó el Oratorio San Francisco de Sales, en Hipólito Yrigoyen y Yapeyú, en el mismo barrio de Almagro, y terminó sus estudios de nivel primario en el colegio salesiano “Vilfrid Barón”, de Ramos Mejía, en los años 1948 y 1949.


Su vida cristiana fue creciendo, y en su discernimiento vocacional tuvo gran impronta la orientación del salesiano Enrique Pozzoli.
“¿Qué huella me dejó el padre Pozzoli? En primer lugar familiar. Si en mi familia hoy se vive seriamente en cristiano, es por él. Supo poner y hacer crecer fundamentos de vida católica, es una referencia que llevamos dentro. Supo consolidar la devoción a María Auxiliadora y también a San José.” (Extracto de una carta del padre Jorge Bergoglio, sj., al salesiano Cayetano Bruno, en 1990).


En su servicio como provincial de los Jesuitas
Ya siendo provincial de los jesuitas, tuvo una fuerte relación con el entonces venerable Artémides Zatti, de la que da cuenta este texto de la carta escrita a Don Cayetano Bruno SDB y fechada en Buenos Aires, 18 de mayo de 1986.
“¡Querido P. Bruno: Pax Christi! En su carta del 24 de febrero Usted me pedía que tratara de escribir algo sobre la experiencia que he tenido con el Sr. Zatti (del que me he hecho gran amigo), respecto de las vocaciones de Hermanos Coadjutores. (...)


Nosotros teníamos una gran penuria de Hermanos Coadjutores. Tomo como punto de referencia el año 1976, el mismo en que conocí la vida del Sr. Zatti. Aquel año, el Hermano Coadjutor más joven tenía 35 años, era enfermero y moriría cuatro años más tarde víctima de un tumor cerebral. El que lo seguía en edad tenía 46 años, y el que venía después tenía 50. Los demás, todos ancianos (muchos de ellos aún siguen remando teniendo encima sus 80 años). Este ‘cuadro demográfico’ de Hermanos Coadjutores en la Provincia Argentina llevaba a muchos a pensar que se podía tratar de una situación irreversible, y que no habría habido otras vocaciones. Algunos, incluso, se preguntaban sobre la ‘actualidad’ de la vocación del Hermano Coadjutor en la Compañía, porque - estando a los hechos - parecía que se habrían extinguido. Además, se hacían esfuerzos en varios lugares para delinear una ‘nueva imagen’ del Hermano Coadjutor, para ver si -  por este camino - se obtenía un reclamo más fuerte de jóvenes que siguieran esta ideal.


Por otra parte, el Padre General, P. Pedro Arrupe, S.J., insistía con fuerza sobre la necesidad de la vocación del Hermano Coadjutor para todo el cuerpo de la Compañía. Llegaba a decir que la Compañía no era la Compañía sin Hermanos Coadjutores. Los esfuerzos del P. Arrupe en esta área fueron enormes. La crisis no era sólo de alguna Provincia, sino de toda la Compañía (respecto de las vocaciones de Coadjutores).


En 1976, creo que fue hacia el mes de septiembre aproximadamente, durante una visita canónica a los misioneros jesuitas del norte argentino, me detuve algún día en el Arzobispado de Salta. Allí, entre una conversación y otra al final de las comidas, Mons. Pérez me contó la vida del Sr. Zatti. Me dio también el libro de su vida para que lo leyese. Me llamó la atención su figura tan completa de Coadjutor. En aquel momento sentí que debía pedir al Señor, por intercesión de aquel gran Coadjutor, que nos mandase vocaciones de coadjutores. Hice novenas y rogué a los novicios que también ellos las hiciesen. (...)

En Salta, en varias ocasiones sentí la inspiración de recomendar al Señor y a la Virgen del Milagro el aumento de vocaciones de la Provincia (esto en general y no específicamente de Coadjutores, cosa que hice con el Sr. Zatti). Además, hice una promesa: que los novicios irían en peregrinación a la fiesta del Señor del Milagro si alcanzaban el número de 35 novicios (esto se realizó en septiembre de 1979).
Vuelvo a la petición de vocaciones de Coadjutores. En julio de 1977 entró el primer Coadjutor joven (actualmente tiene 32 años). El 29 de octubre de aquel año entró el segundo (actualmente con 33 años)”.


La carta continúa, presentando año por año la lista de otros 16 coadjutores entrados desde 1978 a 1986. Y sigue:
“Desde que comenzamos las oraciones al Sr. Zatti, han entrado 18 coadjutores jóvenes que perseveran y otros 5 que salieron del noviciado y del juniorado. En total, 23 vocaciones.
Los novicios, los estudiantes y los Coadjutores jóvenes han hecho varias veces la Novena en honor del Sr. Zatti, pidiendo vocaciones de Coadjutores. Yo mismo la he hecho. Estoy convencido de su intercesión en este problema, ya que, considerado el número, es un caso raro en la Compañía. En agradecimiento, en la 2ª y 3ª edición del Devocionario del Sagrado Corazón, hemos puesto la Novena para pedir la Canonización del Sr. Zatti.


Un dato interesante es la calidad de los que han entrado y que perseveran. Son jóvenes que quieren ser Coadjutores como San Ignacio quería que fuesen, sin que se les ‘dorase la píldora’. Para nosotros, la vocación del Hermano Coadjutor es muy importante. El P. Arrupe decía que la Compañía, sin ellos, no era la Compañía. Tienen un carisma especial que se alimenta en la oración y en el trabajo. Y hacen bien a todo el cuerpo de la Compañía. (...) Son hombres de piedad, alegres, trabajadores, sanos. Muy viriles y son conscientes de la vocación a la que fueron llamados. Sienten especial responsabilidad de rezar por los jóvenes estudiantes jesuitas que se preparan al sacerdocio. En ellos no se ven ‘complejos de inferioridad’ por el hecho de no ser sacerdotes, ni les pasa por la cabeza aspirar al diaconado... etc.; saben cuál es su vocación y la quieren así. Esto es saludable. Y hace bien.


Ésta ha sido, en líneas generales, la historia de mi relación con el Sr. Zatti sobre el problema de las vocaciones de Hermanos Coadjutores para la Compañía. Repito que estoy convencido de su intercesión, porque sé cuánto hemos rezado poniéndole a él como abogado.
Nada más por hoy. Soy su afmo., en Nuestro Señor y en Su Madre Santísima.
Jorge Mario Bergoglio, S.J.”.


Devoto de María Auxiliadora
Nombrado Obispo Auxiliar de Buenos Aires el 20 de mayo de 1992, asumió como Arzobispo de Buenos Aires el 28 de febrero de 1998.
Según cuenta el entonces Párroco de la Basílica María Auxiliadora de Buenos Aires, P. Francisco Ronconi, “cuando iba a ser ordenado Obispo auxiliar de Buenos Aires, me dijo que la primera misa del día siguiente quería celebrarla en el camarín de la Virgen, porque allí, en ese camarín, había tomado las decisiones más importantes de su vida.


Ese domingo, a las 6 de la mañana, rezó la misa, acompañado por un sobrino jesuita, una sobrina y por mí. Los 24 de cada mes, dedicados a María Auxiliadora, le traía un ramo de flores que llevaba él mismo subiendo al camarín, y quedándose en oración frente a ella. Y los 24 de mayo les llevaba un gran ramo de rosas rojas.


Y si llegaba durante una misa de niños, se quedaba abajo, eligiendo un lugar desde donde pudiera ver a la Virgen, y después le pedía a una catequista que le subiera las flores a la Virgen.
No son pocos los fieles que recuerdan haberlo visto entrar al templo, subir al camarín, y no dudar en rezar al lado de los que allí están en oración.”

De un artículo del Boletín Salesiano


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