Centenario de Ángel Zerda

El 1 de mayo de 1913 don Ángel Zerda, gran benefactor de la Obra Salesiana en Salta, llegaba al cielo.


Lo hemos recordado con un sencillo acto, realizado en el patio de la Primaria, y con la presencia de todos los alumnos y docentes del turno de la mañana.

Luego del acto, se descubrió una placa de homenaje, para dejar un recuerdo palpable de nuestra gratitud.


¿Quién fue Ángel Zerda?
Un breve texto del Padre salesiano Eduardo Giorda puede ayudarnos a comprender su figura:


En su libro “70 años de Irradiación de la Obra de Don Bosco en Salta” el P. Arsenio Seage escribía en 1981: “No son ciertamente pocos los preclaros varones de Salta que dieron lustre a la historia nacional y la enriquecieron con empresas heroicas o con la acción distinguida y provechosa de un noble comportamiento. Salta ha contribuido, como muy pocas ciudades argentinas al engrandecimiento del país, al aumento y prestigio de sus valores civiles, culturales y militares… 



“Los nombres de estos salteños están grabados en la mente de los estudiosos; pero tal vez ninguno disfrute –salvo el inmortal de Güemes-, ni en la misma ciudad de Salta, de un recuerdo tan constante, corriente y popular como el de don Ángel Zerda. Ello se debe, más que a otra cosa, al haber emprendido en sus postreros días un noble y destacado gesto, una obra benéfica de gran trascendencia social… Mucho le debía don Ángel a Salta, y trató de retribuírselo facilitando a su juventud los medios de ascender honradamente en la escala social como personas capaces y como honrados y competentes ciudadanos. Tan plausible obra fue la fundación del Colegio Salesiano, que se honra con su nombre. De manera que la memoria de este ilustre patricio se perpetúa más que por el recuerdo de su actuación política y de gobernante, de progresista y previsor industrial, por haber dado a la ciudad de Salta el establecimiento educacional homónimo. De no haber empeñado una parte de su riqueza en esta obra de promoción social, su nombre ciertamente no habría alcanzado la intensa divulgación de que hoy goza.”



Nació don Ángel Segundo Zerda en La Caldera, Provincia de Salta, el 7 de agosto de 1837. Fue el séptimo hijo del primer matrimonio del Coronel Ángel Mariano Zerda y Urristicon doña Fabiana Medina Rodríguez. El Coronel participó en diversas instancias de la Guerra de la Independencia (1810-1825), destacándose como decidido colaborador del General Güemes en la épica Guerra Gaucha, y luego en la Guerra contra la Confederación Peruano-Boliviana (1837-1838). Del segundo matrimonio del Coronel con doña Carmen González nació el hermanastro, don Abel Zerda, renombrado Intendente de la ciudad. En 1868 don Ángel Segundo casó en Salta con doña Prediliana Torino López, pero no tuvieron descendencia.



“Don Ángel Zerda - afirmó el eminente historiador salteño Atilio Cornejo- fue una de las principales figuras representativas de su época, no solamente en el orden comercial e industrial (como fue, sin duda, la fortuna más grande), sino también político.Fue uno de los propietarios del Ingenio Ledesma. Desde joven le interesaron los asuntos públicos. Así en 1867 acompañó al gobernador Sixto Ovejero Zerda como Jefe de la Trinchera Nº 10 en la defensa de Salta (10 de octubre) contra la invasión de Felipe Varela.”



Después de promulgarse la primera Constitución Provincial en 1855, don Ángel Zerda participó como convencional en las posteriores redacciones de 1875, 1888 y 1908. Desde 1889 ocupó una banca del Senado salteño, cuya presidencia le correspondió por varios años. Por este motivo tuvo que desempeñarse como primer magistrado de la Provincia en distintas oportunidades, originadas por la ausencia o la renuncia del titular, principalmente en 1898 y en 1906-1907. Por la voluntad popular fue elegido y ejerció como Gobernador durante un período completo desde 1901 a 1904.



Al fallecer el 1º de mayo de 1913, las notas necrológicas de los diarios de Buenos Aires, independientes del medio político salteño, dieron la siguiente semblanza de don Ángel Zerda:
   ‘La Prensa’, refiriéndose a su administración política subrayaba lo más característico de su actuar: “Se lo debe señalar como un celoso guardián de los caudales públicos, pues imprimió al gobierno la honestidad que caracterizó su larga actuación comercial".



   El matutino ‘La Nación’ destacó cuanto sigue:“Era don Ángel Zerda uno de esos fuertes trabajadores, cuya energía cuenta como elemento del desarrollo económico general, por haber contribuido en el radio de su actuación al progreso de las industrias extractivas. Su carácter de constante quietud y de constante ecuanimidad, acordaron al Sr. Ángel Zerda un ascendiente incontestado sobre sus ciudadanos; la honestidad de su vida familiar y el alto ejemplo de su integridad en la opulencia, le llevaron a regir diversas magistraturas de su provincia natal. La ciudad de Salta lo cuenta entre los promotores de sus progresos edilicios. Desaparece, pues, rodeado de la consideración de los próximos y deja tras de sí el recuerdo de una existencia eficaz, llena de elevadas intenciones, representativa de una época, y a quien sus contemporáneos le son deudores de muchos adelantos de que ahora gozan”.




El P. Arsenio Seage, que citaba estos textos, añadía al respecto: “Ambos matutinos destacaron como obra cumbre la fundación del Colegio con el que hizo posible que Salta disfrutara de la eficacia educativa que imparten los Salesianos de Don Bosco. De lo que no hacen mención - tal vez por no ser la oportunidad - , es de una explícita razón que revele la causa de estas virtudes ciudadanas y patrióticas de don Ángel Zerda. Para quienes tuvieron la suerte de conocerlo les sería fácil hallar como sostén de su virtuoso actuar la sinceridad de su vida cristiana. Su caridad (o filantropía, como ciertos contemporáneos solían decir por temor de decir caridad cristiana) nacía no de una condición natural de quien había medrado con personal esfuerzo y tenacidad, sino producto de quien se reconocía administrador de los muchos bienes materiales con que Dios había bendecido sus continuos afanes de progreso. Don Ángel fue un cristiano caritativo, pero era la suya una caridad inteligente, diré, bien administrada. Vale decir que quería que la dádiva encontrase un cauce ordenado y, por consiguiente, más eficaz y extensivo. Respondía a su natural temperamento de administrador disciplinado.



“Llegó a ser un potentado en crédito y dineros gracias a su fidelidad, a la rectitud en la administración, en la parsimonia en el uso de los caudales, en el evitar cualquier despilfarro. Cualidades que pudieron ser juzgadas como mezquindad por quienes ignoran su colaboración nada ostentosa, por cierto, con las obras de bien público. Su firma, por ejemplo, se halla entre las de unos pocos más, en el Acta de Fundación de la Conferencia de Caballeros Vicentinos de Salta; se desempeñó ad honorem en el responsable cargo de síndico del Monasterio de las Carmelitas del Convento de San Bernardo.
“Como coronamiento destinó una no pequeña parte de su fortuna a fundar el instituto educativo que, más aún que el bronce, perpetúa su nombre a través de los tiempos. Ángel Zerda son dos palabras que están, como en muy raros casos, en la boca de todo un pueblo con hondo sentido de aprecio y gratitud.”



También vale extractar algunos testimonios locales para lograr una mejor dimensión de la figura de don Ángel Zerda:
   En una entrevista que el diario ‘Nueva Época’ le hacía poco después de la llegada de los Salesianos, ya conocida su intención de donar a los Salesianos, leemos: “Sí, es cierto, he hecho una donación a los Padres Salesianos… Es una asociación que presta grandes beneficios a la humanidad. Los ayudo con la convicción de que la labor que han de realizar será fructífera y beneficiosa para la humanidad.En el edificio que ha de construirse, una vez terminado, se admitirán 100 niños internos y 200 externos. Allí se les enseñará de todo; los grados esenciales de la instrucción primaria y un oficio o profesión paa que puedan ganarse honradamente la vida; allí aprenderán a ser útiles bajo la base de amor a Dios y al trabajo.”



   Al día siguiente de su fallecimiento, el diario ‘La Provincia’ escribía: “Desde que se tuvo ayer conocimiento del fallecimiento de don Ángel Zerda, la sociedad y el pueblo de esta capital se sintieron profundamente conmovidos. Existía la triste convicción de su cercano fin; pero no quitó que todas las clases sociales apreciaran igualmente que con el extinto desaparecía un hombre honrado, leal, bueno, caritativo y progresista, modelo de decoro social y de gran ciudadanía”.



   Por su parte, el padre Ángel Aimonetto en su investigación “60 Años de la Obra Salesiana en Salta” (1971) transcribió el discurso del Dr. Robustiano Patrón Costas, en ese momento Gobernador de la Provincia, durante el sepelio de don Ángel y comentaba que ese “juicio… demuestra la gran venerabilidad de que gozaba don Ángel entre sus compatriotas:“El pueblo de Salta está de duelo. Con la muerte del Sr. Ángel Zerda ha desaparecido una de las figuras típicas de nuestra sociedad. Ella se destacaba con las características claras, netas y precisas del viejo hidalgo argentino, espécimen de una época que va pasando y cuyas calidades ojalá perduraran en este país de evolución, para que sus virtudes y sana moral sirvieran de ejemplo a las nuevas generaciones, demostrándoles que la rectitud y la honestidad, como reglas invariables de conducta, no están reñidas con el éxito cuyo fin parece ser el único objetivo de la moderna lucha por la vida. En presencia de este cadáver podemos sostener que las fuerzas de las cualidades de orden moral unido a una voluntad firme y enérgica es incontrastable. 



“Fue don Ángel Zerda marcado con el signo de los hombres de alma superior, natural y llano en todas las posiciones, tanto detrás del mostrador de su tienda como en su despacho de primer mandatario de la Provincia. Ejerció la caridad sin ostentación y sin jactancia, que es la caridad que honra y ennoblece, y no la mentida que busca en la publicidad la satisfacción de sentimientos subalternos de vanidad. Su acción benéfica ha culminado con la generosa donación de un hermosísimo y costoso edificio para radicar entre nosotros a la útil y benemérita Institución Salesiana”.



En 2011, Salta celebró los cien años de la llegada de los Salesianos, que iniciaron su Obra en calle Pellegrini 76, luego se trasladaron a calle La Florida 186 y, finalmente, en enero de 1913, ocuparon la manzana y el edificio donados por don Ángel Zerda en calle Caseros 1250. Allí se afirmó la Obra del Oratorio, la Escuela Primaria y la Escuela de Artes y Oficios; y progresivamente se fue ampliando con la Banda de Música, los nuevos Talleres, los Exploradores de Don Bosco, la Escuela Comercial, el canto, el teatro, el deporte, los grupos juveniles y la Capilla María Auxiliadora. 
Desde allí, la Obra Salesiana se irradió con la creación de los Salesianos Cooperadores, la Asociación de María Auxiliadora y el Centro de Exalumnos, con la llegada de las Hijas de María Auxiliadora y su Colegio, con la acción eclesial durante 50 años de los arzobispos salesianos Monseñor Roberto J. Tavella y Monseñor Carlos M. Pérez, con la dirección salesiana durante 30 años del Seminario Metropolitano de Salta, con la fundación de diversos centros pastorales en el sudeste de la ciudad, principalmente la Escuela Ceferino Namuncurá, y con la multiplicadora presencia de tantos exalumnos en los diversos ámbitos de la sociedad en Salta, en la provincia y en el NOA.
¡Gracias, don Ángel Zerda por su generosidad! ¡Usted hizo posible el sueño de los salteños que anhelaron, desde 1880, con Monseñor Matías Linares y tantos otros, la fundación de la Obra de Don Bosco para la educación de los niños y jóvenes y sus familias!


P. Eduardo Luis Giorda SDB


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