Celebrando el Año de la Fe



Ayer, con tres intensas celebraciones comenzamos a transitar, junto a toda la Iglesia, el Año de la Fe.
Por la mañana, el Padre Alejandro celebró dos misas, una con el Secundario, en el Salón "Don Bosco", y otra con la Primaria, en la Capilla.
Por la tarde, el Padre Andrés compartió una Celebración de la Palabra con los más pequeños del turno tarde.


Acerca del Año de la Fe, transcribimos un breve texto del Padre Inspector, Manuel Cayo:

"El 11 de octubre (a los 50 años del inicio del concilio Vaticano II), el Papa Benedicto dará inicio al año de la Fe: un tiempo intenso de profundización y reafirmación de ese don hermoso que Dios nos ha regalado. Siento que tiene que ser un año en el que reforcemos, entre otras cosas, esta conciencia plena de ser discípulos del Señor:  Hombres y mujeres que han experimentado un encuentro tal con Jesús, que deciden configurar día a día su vida tras los pasos del Maestro. 


En esa línea, me permito terminar estas líneas de hoy con un hermoso párrafo de la Carta Apostólica que nos enviara a todos el Papa, para compartirnos lo que nos proponía en este año especial. En el nº 13 dice lo siguiente:
Por la fe, María abrazó la propuesta de Dios y creyó en el anuncio de que sería la Madre de Dios en la obediencia de su entrega… Luego, visitando a Isabel entonó su canto de alabanza al Padre por las maravillas que hace en quienes confían en Él. Con gozo y temblor dio a luz a Jesús en Belén… Confiada en su esposo José, llevó a Jesús a Egipto para salvarlo de la persecución de Herodes. Con la misma fe siguió a Jesús en su predicación y permaneció con él hasta el Calvario. Con fe, María saboreó los frutos de la resurrección de su hijo amado y, guardando todos los recuerdos en su corazón, los compartió con los Doce, reunidos con ella al recibir el Espíritu Santo.


Por la fe, los Apóstoles dejaron todo para seguir al Maestro. Creyeron en las palabras con las que anunciaba el Reino de Dios, que está presente y se realiza en su persona. Vivieron en comunión de vida con Jesús, que los instruía con sus enseñanzas, dejándoles una nueva regla de vida por la que serían reconocidos como sus discípulos después de su muerte. Por la fe, fueron por el mundo entero, siguiendo el mandato de llevar la Buena Noticia a toda criatura y, sin temor alguno, anunciaron a todos la alegría de la resurrección, de la que fueron testigos fieles.
Por la fe, los discípulos formaron la primera comunidad reunida en torno a la enseñanza de los Apóstoles, la oración y la celebración de la Eucaristía, poniendo en común todos sus bienes para atender las necesidades de los hermanos.


Por la fe, los mártires entregaron su vida como testimonio de la verdad del Evangelio, que los había trasformado y hecho capaces de llegar hasta el mayor don del amor con el perdón de sus perseguidores.
Por la fe, hombres y mujeres han consagrado su vida a Cristo, dejando todo para vivir en la sencillez evangélica la obediencia, la pobreza y la castidad, signos concretos de la espera del Señor que no tarda en llegar. Por la fe, muchos cristianos han promovido acciones en favor de la justicia, para hacer concreta la palabra del Señor, que ha venido a proclamar la liberación de los oprimidos y un año de gracia para todos.
Por la fe, hombres y mujeres de toda edad, cuyos nombres están escritos en el libro de la vida, han confesado a lo largo de los siglos la belleza de seguir al Señor Jesús allí donde se les llamaba a dar testimonio de su ser cristianos: en la familia, la profesión, la vida pública y el desempeño de los carismas y ministerios que se les confiaban.
También nosotros vivimos por la fe: para el reconocimiento vivo del Señor Jesús, presente en nuestras vidas y en la historia.
¡Que vivamos este año dejándonos encontrar por el Señor, siguiéndolo decididamente, permitiendo que ese encuentro resignifique y de sentido a cada día  de nuestra historia!"

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