¡Hasta pronto, Tío Crippa!


Ayer se despidió momentáneamente de Salta el Hermano Víctor Crippa, conocido por todos como "el Tío".
Su presencia de amigo cercano nos acompaña desde hace 26 años... y por eso esta despedida, aunque sea pasajera, resultó muy emotiva.

Dejamos el texto de una "Carta a los lectores" sobre este tema, aparecida en el diario "El Tribuno":

Hablar del hermano Víctor Crippa, es hablar de parte de nuestra historia personal, esa que se cuenta por experiencias vividas y sentidas a lo largo de nuestra vida, es la experiencia de miles de alumnos, ex alumnos, padres y madres de familia allegados al Colegio Salesiano.



El “tío” como le llamamos, tiene ese no se que, que hace que sin proponérselo, sea una persona carismática, que su oficina sea un lugar donde uno se siente seguro y confiado, tranquilo, sereno, sabiendo que siempre estará él, para escuchar, charlar un rato, o para comenzar alguna que otra partida de ajedrez y damas, en el tiempo que permite el recreo de la primaria o la secundaria.



Quizás no lo vimos saliendo de misión, o realizando grandes obras o movimientos, pero siempre estaba ahí, dispuesto a escuchar, a dar un abrazo generoso, a mostrar a su manera, con su vida sencilla y simple, la imagen del gran Don Bosco, al que un día prometió seguir y ayudar a tantos y tantos jóvenes con ese carisma salesiano tan particular, festivo y de paz al corazón.



Quedará en nuestra Salta, el recuerdo imborrable de la huella que hoy deja en nosotros. Su oficina, su sala de juegos, sus charlas apropiadas para cada edad de los interlocutores.
Hoy debe partir, hacia una nueva casa en Córdoba. Solo basta ver estos días de despedida, el dolor y el llanto de niños que se abrazan a él como a un papá, de jóvenes que lo aman con ese amor parecido al de un abuelito lindo, de papás que han pasado siendo niños y jóvenes por los patios del Salesiano y que hoy vuelven con sus hijos al jardín a o la primaria o quizás alguno a la secundaria. 



Las lágrimas son de todos: se va parte de nuestra historia personal, de tantos recuerdos hermosos, de tantas horas compartidas. Solo basta ver las lágrimas de él y saber del cariño que nos ha profesado a todos, de la vida que ha entregado, del amor que ha dado, de los años vividos al estilo de Don Bosco.



Nos queda más que dar gracias al tatita Dios por el regalo que nos hizo un día en traer a Salta a este cordobés churo y sencillo. Nosotros, sus sobrinos del alma, le decimos "¡Gracias hermano querido!" Y si no nos encontramos algún día por Córdoba, seguro nos encontraremos algún día en el paraíso junto a Don Bosco y la Auxiliadora.


Sergio Valdez



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