Misión de invierno 2012



El 15 de julio la Comunidad Misionera Salesiana partió al pueblo de La Silleta para culminar allí la misión que desde hace más de un mes venían preparando.
En los días previos, los jóvenes recolectaron ropa, juguetes y alimentos para llevar, recibiendo ayuda de distintas partes y por diferentes medios.


Llegaron el domingo por la tarde a la escuela Virrey Francisco de Toledo y, acompañados por la lluvia, acomodaron las aulas, limpiaron las galerías y dejaron todo listo para comenzar el día siguiente con la rutina misionera: visitar por la mañana temprano las casas del pueblo, y luego del almuerzo preparar el oratorio para los niños y jóvenes del lugar.
Los misioneros estuvieron acompañados por el padre Alejandro Garzón, y una mamá que ayudó en las tareas de la cocina y compartió con los chicos toda la misión. Además, varios docentes del Colegio y padres de los chicos se acercaron cada mañana a colaborar, como también lo hicieron un grupo de exploradores de Don Bosco.


En el transcurso de la semana se realizaron toda clase de actividades: una amasada comunitaria, un juego de lota para todas las familias, cantos de animación para los más pequeños y actividades exclusivas para los adolescentes, como un karaoke y una película de la que disfrutaron los jóvenes silletanos y todos los que asistieron al oratorio ese día.

“Aquel que tiene fe nunca está solo”
Ese fue el lema de la misión. El tema que cada día se trataba en las visitas a las casas y en la catequesis con los chicos del Oratorio tuvo como eje permanente a la fe.
A través de diversas dinámicas se intentó demostrar la importancia de la confianza en Dios en todos los momentos de nuestra vida; llevando un mensaje de esperanza a las familias que, en su mayoría, están pasando momentos difíciles, y también una enseñanza alegre a los niños.


Día del amigo y Bautismo misionero
El último día de oratorio y catequesis fue el viernes 20 de julio, allí los misioneros y los niños y jóvenes de La Silleta festejaron el día del amigo. Lo hicieron mediante juegos y canciones desde el principio de la tarde hasta el anochecer, cuando juntos hicieron un brindis y compartieron una mesa de comida para finalizar el día con gran regocijo y, sobre todo, amistad.
Luego del festejo quedaron los misioneros en la escuela, que aprovecharon el momento para realizar el esperado bautismo de los más nuevos. Fue una sorpresa preparada por los que serian los padrinos y madrinas quienes, fingiendo un juego oratoriano común y corriente, les tapaban los ojos a los nuevitos y entre cantos y bailes los sorprendían con un emotivo “bienvenido ahijado”.
De esta manera culminó la misión, ya que al día siguiente, luego de limpiar y acomodar las instalaciones de la escuela, emprendieron el feliz regreso a sus hogares.

Natalia Nieva
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