Séptimo día de la Novena


María Auxiliadora Salta

Oración para todos los días
(Compuesta por San Juan Bosco)
Santísima Virgen María, Reina de todos los Santos y Madre mía, acudo a Vos con amor y confianza, pues eres abogada de los pecadores y Auxilio de los Cristianos. Alcánzame, Señora mía el perdón de mis culpas, un verdadero dolor, luz y acierto para hacer una buena confesión de todas ellas, conseguir la gracia de Dios, y con tu auxilio mi eterna salvación.
Por este fin te ofrezco los obsequios de esta novena que consagro en tu honor. Recíbelos, mi buena Madre, y haz que logre la gracia que me he propuesto pedirte en el curso de la novena. Si me conviene para el bien de mi alma te pido la gracia... (cada uno pida la gracia que le conviene), y deseo, Señora mía, que en todo se cumpla la voluntad de Dios; pero bien lo ves, mi buena Madre, cuántas ansias y penas afligen mi corazón; apresura pues tu auxilio a todas mis necesidades. Te lo pido por los méritos de tus dolores, que padeciste al pie de la Cruz, cuando Jesús te constituyó Madre y Auxilio de los Cristianos.  Amén.

Día Séptimo
La Devoción a María y la Buena Muerte
La devoción a María es uno de los medios más seguros para conseguir una buena muerte. María en aquella hora final consuela a sus hijos: ella aligera su agonía y los libra de sus ansiedades; y en fin, les obtiene también dulzuras sublimes.
 “Ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte” decimos y ella la que acude en esos momentos con maternal solicitud para recibir entre sus manos el alma del moribundo.
Tres Avemarías y Gloria.

Oración final para todos los días
Consagración a María Auxiliadora
¡Santísima e Inmaculada Virgen María, Madre nuestra y Auxilio de los Cristianos! Nosotros nos consagramos eternamente a tu santo servicio. Te consagramos la mente con sus pensamientos, el corazón con sus afectos, el cuerpo con sus sentidos y con todas sus fuerzas; y te prometemos dirigir siempre nuestras acciones a la mayor gloria de Dios y a la salvación de las almas.
Vos, pues, ¡Virgen Incomparable! que fuiste siempre la Auxiliadora del pueblo cristiano; continúa ¡por piedad! siéndolo, especialmente en estos días. Ilumina a los Obispos y Sacerdotes y tenlos siempre unidos y obedientes al Papa, maestro infalible, cuida de una manera especial a los jóvenes; promueve las vocaciones a la vida consagrada y matrimonial, a fin de que se conserve el Reino de Jesucristo entre nosotros, y se extienda hasta los últimos confines de la tierra.
Asimismo, ¡gran Madre de Dios! te suplicamos por nosotros; que nos enseñes a imitar tus virtudes, especialmente la modestia, la humildad profunda y la ardiente caridad a fin de que, en lo posible, con nuestra vida, con nuestras palabras y con nuestro ejemplo, representemos, en medio del mundo, a tu bendito hijo Jesús, logremos que te conozcan y consigamos por este medio la salvación de muchas almas.
María, Auxilio de los cristianos, ruega por nosotros.

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