El festejo de los Artesanos

El sábado 3 de marzo se cumplieron exactamente 100 años de la apertura de la primera Escuela de Artes y Oficios de los Salesianos en Salta.

Ese día de 1912, con 16 alumnos aprendices de Carpintería, se iniciaba una labor que por 57 años marcaría la vida de numerosos niños y jóvenes y de sus familias.   


Para recordar un aniversario tan importante, los Exalumnos Salesianos participaron de la celebración de la Misa de las 20.00, agradeciendo a Dios por tantos beneficios recibidos en esta Casa.
La Eucaristía se ofreció, también, rogando por el descanso de los salesianos y maestros que ya no se encuentran entre nosotros, los que fueron mencionados antes de comenzar la Misa.


Uno de los momentos más emotivos se vivió en el Ofertorio ya que, junto a los dones de pan y vino, los exalumnos presentes, algunos de edad muy avanzada, se pusieron de pie y ofrecieron también las herramientas típicas de su oficio, con las que aprendieron, décadas atrás, a abrirse en la vida un camino digno y honrado.


Luego de la Misa, entonando a viva voz el "Quiero llegar", y acompañados de familiares y de jóvenes del MJS, se trasladaron hasta la galería de calle Caseros, a los pies de la imagen del Sagrado Corazón. Allí, bajo el mármol conmemorativo del Centenario, se descubrió una placa de bronce que quedará como testimonio permanente de gratitud. El momento estuvo engalanado con la presencia de las Banderas de Ceremonias, portadas por dos de las personas más queridas y recordadas de esa generación, los antiguos maestros Maita y Siminelakis.


Para concluir el acto, luego de las palabras de algunos exalumnos y de la lectura de un mensaje enviado por el Padre Eduardo Giorda desde Alta Gracia, el Padre Director Andrés Peirone bendijo la placa y a todos los presentes.
El broche de oro de la ceremonia estuvo a cargo del Padre Leonardo Gentilini, que dirigió el coro de los asistentes al acto para entonar las estrofas del himno a Don Bosco "Su concierto".

Como recuerdo final quedan las palabras del Padre Director, que nos invitó a la oración y al trabajo, para que la Obra de Don Bosco siga dando respuestas concretas a los desafíos que plantea la realidad juvenil del presente tan bien como supo hacerlo en el pasado.

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