Su eco resuena por toda la tierra...

“Sin hablar, su eco resuena por toda la tierra.” (Sal. 19, 4-5)

Este fue el lema que nos acompañó a los jóvenes del MJS de Salta durante la misión que realizamos en el pueblo de La Candelaria (departamento La Candelaria, provincia de Salta) los primeros días del mes de enero.


Partimos el viernes 6 desde el Colegio “Ángel Zerda” llevando todo lo que pudimos conseguir gracias al buen corazón y predisposición de muchos colaboradores que, año a año, aportan generosamente para la realización de esta hermosa experiencia… pero, sobre todo, partimos llevando mucho entusiasmo, muchas ganas de trabajar, muchísimas ganas de poder compartir con la gente, los NIÑOS y JÓVENES del pueblo, nuestra experiencia cotidiana de Cristo Resucitado.


Como los años anteriores la misión se extendió una semana con el toque particular de ser la última junto a las hermosas personas de esta localidad, lo que nos ayudó a vivirla con una intensidad diferente. Repasando un poco lo vivido nos vienen a la mente muchos recuerdos, como las mañanas de visitas a las casas, en las que las familias nos recibieron con mucha alegría y apertura de corazón; las tardes de oratorio, llenas de cantos, sonrisas, juegos y talleres, en donde los chicos ponían en práctica su imaginación, paciencia y creatividad, y las pequeñas catequesis compartidas junto a la frescura de un sabroso jugo y deliciosas golosinas.


Además, recordamos con mucho cariño las actividades masivas que convocaban también a los mayores: la riquísima amasada de pan en donde las mamás y algunos papás se lucieron; la emocionante lota en la cual todos salieron victoriosos llevándose espectaculares premios; el cine bajo las estrellas que nos permitió como familia disfrutar de una divertida película; o el Rosario alrededor de la plaza que con cada signo nos ayudó a contemplar a Jesús en nuestras vidas.


¡Y cómo no recordar aquel maravilloso día de Reyes en el camping del pueblo cargado de colores!, la batucada, los juegos, la pequeña catequesis y la rica merienda; o el la novedosa jornada con los jóvenes, que nos ayudó a ir a su encuentro desde sus mismos ambientes; o las noches juveniles en las cuales compartíamos con ellos distintas actividades. Principalmente… ¡cómo no recordar la Celebración Eucarística compartida diariamente con toda la familia! Era una acción de gracias por lo vivido cada día, y se prolongaba esta alegría en los oratorios nocturnos que se vivían en la espontaneidad de la unión fraterna.


Esta experiencia nos ayudó a redescubrir una vez más que Jesús no sólo habla con palabras sino, sobre todo, con gestos pequeños y concretos que continúan resonando en nuestra vida. Sólo nos queda agradecer en  nombre de todos los misioneros, principalmente a Dios, que siempre nos regala estos pedacitos de cielo, y a cada una de las personas que de un modo especial nos estuvieron acompañando, junto a quienes de forma anónima colaboraron con su pequeño gran aporte haciéndose eco de la presencia de Dios.

Agradecemos a Nadia y Roder Rojas Arraya por el texto y las fotos de este artículo.

Para ver muchas más fotos de la Misión, podés hacer click aquí.

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