Lo mejor del Oratorio 2012

Hola, soy uno de los animadores del Oratorio y escribo con la intención de contarles las actividades que estuvimos desarrollando en el verano. Trataré de no ser demasiado extenso… en caso de que lo fuese, me disculpo, pero la emoción de recordar todo lo vivido hace que las palabras se me hagan escasas…

Todo empieza en octubre de 2011, en las reuniones del equipo de los animadores del Oratorio, conformado por ocho jóvenes de entre 19 y 24 años de edad. Allí debatíamos qué actividades emprenderíamos en el verano para poder superarnos con respecto a los proyectos de años anteriores. Desde el 2002 hasta la actualidad que se organiza un Oratorio de manera ininterrumpida.


Una de las muchas bendiciones que Don Bosco nos regaló es poder ser un grupo que, durante todo el año, cada sábado por la mañana convoca a alrededor de 80 chicos de 9 a 16 años en los patios del Colegio. Algunos provienen de barrios de la periferia de la ciudad y otros de los alrededores. También concurren algunos alumnos del establecimiento.


Nuestro Oratorio también está integrado por un grupo muy sólido de jóvenes mayores de 16 años que sirven de motor para todos los desafíos que nos proponemos. Con sus actos, enseñan a los más chicos utilizando el buen ejemplo y buenas palabras como medio principal de evangelización e integración.
Precisamente estos jóvenes, junto a los animadores, desde diciembre del año pasado nos dedicamos a realizar invitaciones en escuelas y barrios, a llevar algunas notas a los diarios de la ciudad, y a repartir folletos en las más diversas ocasiones con el objetivo de reunir la mayor cantidad de niños para el verano.


Oficialmente empezamos con las inscripciones el lunes 16 de enero, primer día de Oratorio. Desde las 16.30 hasta las 19.30 se inscribieron alrededor de 85 chicos, la mayoría acompañados por sus padres, que estaban muy interesados por conocer nuestros planes. Con el correr de los días, logramos llegar a un total de 158 anotados.


Los chicos asistían de lunes a viernes, de 16.30 a 19.30 y los sábados de 9.30 a 12.30. Allí compartíamos juegos, momentos de reflexión, campeonatos de fútbol y de otros deportes. Las actividades que más llamaban la atención fueron los talleres. Este verano logramos reunir los recursos para realizar talleres de bijouterie, artesanías con palitos de helados, máscaras… y la gran innovación, un taller de panadería en el cual, dependiendo de las edades y los días, se hornearon bollos, galletas, pastafloras, pan dulces y budines.


En la mitad de la tarde se les daba a los chicos una sencilla merienda, que consistía en jugo y un paquete de galletas o un alfajor. También compartíamos lo elaborado por los pequeños panaderos. Durante ese momento de la tarde, los jóvenes o algunas personas mayores amigas de la casa, compartían con nosotros hermosas reflexiones.


Tuvimos también la alegría de realizar la novena a nuestro padre y maestro Don Bosco, culminando con la participación el 31 de enero en la espectacular fiesta a la que concurrieron alrededor de 300 personas, contando los movimientos juveniles del “Ángel Zerda” y de la Escuela Salesiana “Ceferino Namuncurá” y los jóvenes del grupo Don Bosco de Jujuy. Con desbordante entusiasmo se compartió una cena show, sorteos y juegos entre los chicos y chicas que participaron.
De esta manera, y llenos de recuerdos que vienen a la memoria, el sábado 4 de febrero concluimos nuestro undécimo Oratorio de verano.


A pesar de haber vivido juntos tantos días de alegría nos quedó mucho por hacer, que iremos desarrollando en los próximos sábados. Tenemos planeado entregarles a todos los participantes del verano una remera del Oratorio a modo de recuerdo y al mismo tiempo como invitación para que nos sigan acompañando a lo largo del año.  También estamos organizando el clásico paseo a un camping de la ciudad.


No quiero dejar pasar el momento sin agradecer a todos los Salesianos que desde el primer día nos dieron su apoyo total: el P. Eduardo Giorda, el Hermano Agustín Borzi, el Hermano Víctor Crippa y el Padre Rubén Arenas. También a los posnovicios que nos visitaron, Federico Salse y Leandro Zamudio. Y, por supuesto, a tanta gente buena que nos entregó donaciones, nos proporcionó algunos materiales para los talleres (hornos, bandejas, etc), y también a los que, con su testimonio vivo a través de reflexiones y pequeñas catequesis, se convirtieron para nosotros en verdaderos signos del amor de Dios.


Querido lector, sepa que detrás de todas estas palabras se oculta la sonrisa del niño que hizo un gol de penal, las lágrimas que volcó cuando se cayó de rodillas jugando al fútbol, la mirada ansiosa del que espera su paquete de galletas y el deseo escondido de conocer a gente igual de buena que usted, que tanto bien puede hacer por los demás…

Con todo el corazón, muchas gracias a todos.


Agradecemos a José Francisco López por habernos acercado el texto de este artículo.


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