Novena a Don Bosco - Tercer día

Tercer día
Señal de la cruz. Pésame.
Meditamos sobre la madurez humana
Don Bosco siempre se preocupó por buscar que sus jóvenes crecieran valorándose como personas valiosas, libres y responsables. El ser humano madura totalmente cuando es capaz de entregarse por completo a los demás. Esto es posible si mantenemos nuestro corazón limpio y puro.


Don Bosco nos dice: “Para conservar la hermosa virtud de la pureza, les aconsejo el uso de las oraciones jaculatorias, y en especial, cuando llegue el momento de la tentación, decir: - María Santísima, ayúdame. Si no, hagan con devoción la señal de la cruz. Yo les aseguro que si piden uno al Señor, Él les concederá diez. Y si quieren aún más, pidan la virtud de la pureza durante la Misa, en el momento de la elevación.”

Como señal de compromiso, te invitamos a pensar en algunas personas cercanas que consideres maduras, y a tratar de enriquecerte con algunos de sus ejemplos.

Oración: ¡Oh, padre y maestro de la juventud!, San Juan Bosco, tú que nos enseñaste a ver en Jesucristo el modelo perfecto de las virtudes, haz que sepamos cultivar en nosotros los valores auténticos del Evangelio. Que nos sirva tu ejemplo para buscar el bien total de los jóvenes, ayudándolos a ser buenos cristianos y honrados ciudadanos. Amén.

Confiamos esta intención en las manos de Dios, que es nuestro Padre, y de María, a quien Don Bosco nos enseñó a amar. (Padrenuestro y Avemaría.)
San Juan Bosco, ruega por nosotros.


Hoy, 24 de mes, recordamos también a María Auxiliadora, y celebramos la fiesta de San Francisco de Sales, el gran santo a quien Don Bosco nos propuso como modelo de amabilidad y dulzura. Pensando en él, dejamos esta oración:

Glorioso San Francisco de Sales, 
tu nombre lleva dulzura al corazón más afligido;
tus obras atestiguan la miel más dulce de la piedad;
tu vida fue un continuo ofrecimiento de amor, 
lleno del verdadero gusto por las cosas espirituales,
y del generoso abandono en la amorosa Divina Voluntad.
Enséñame a ser humilde en mi interior 
y dulce y comprensivo en mi exterior, 
y ayúdame a imitar todas las virtudes 
que tú has sabido copiar de los Corazones de Jesús y de María. 
Amén.

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