Novena a Don Bosco - Segundo día

Segundo día
Señal de la cruz. Pésame.
Meditamos sobre la necesidad de la oración
Para alcanzar la felicidad eterna es necesario llevar una vida que nos oriente hacia ella. La orientación fundamental es nuestra relación con Dios. Por eso es tan importante hablar con Dios, rezar. San Agustín nos dice: “Bien vive quien bien reza”. Y Jesús, con toda la intensidad de su amor, nos había recomendado: “Es necesario rezar siempre”.


Don Bosco nos enseña: “Si rezan, por cada grano que siembren, nacerán cuatro espigas”. Cuando él tenía necesidad de alguna ayuda especial, no dudaba en encomendarse a las oraciones de sus niños y jóvenes. No sucedió nunca que esa oración confiada no fuera escuchada. En la oración nos encontramos con Aquél que más nos ama, y es necesario mantenerla aún en los momentos de aridez espiritual.

Como señal de compromiso, te invitamos a realizar una visita a Jesús Sacramentado, para agradecerle por todos los dones que te ha concedido, y por todas las personas que son en tu vida signos del amor del Padre.

Oración: ¡Oh, Padre Don Bosco! Tú que practicaste la oración con la sencillez y confianza de los niños, con la alegría y la creatividad de los jóvenes, y con el celo ardiente de los apóstoles, ayúdanos a prolongar la oración en toda nuestra vida, para trabajar contigo en el plan que Dios tiene para cada joven, a través del cual alcanzarán el bienestar en esta vida y la felicidad eterna. Amén.

Confiamos esta intención en las manos de Dios, que es nuestro Padre, y de María, a quien Don Bosco nos enseñó a amar. (Padrenuestro y Avemaría.)
San Juan Bosco, ruega por nosotros.

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